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Titán irreducible

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Enviado por Jorge Briongos
Hace : 5 años 6 meses
Cáncer de :
Tumor cerebral maligno

Lo primero que pensé cuando me propusieron escribir sobre mi experiencia es que no sería una tarea fácil, pero no sabía hasta que punto, ya que es complicado pensar tanto en todo lo que se pasa, como en acertar con las palabras que puedan ayudar a otras personas en una situación parecida a la mía.

Decidí empezar la historia, que en mi caso se remonta más de cuatro años atrás, por esa tarde, la más triste de todas, en la que me dieron una noticia tan inesperada como desoladora: “tienes un tumor en la cabeza, te quedas ingresado”. Con 28 años recién cumplidos, sin grandes problemas de salud previos, y en el mejor momento de mi corta vida (recién compartía la vida con mi chica, tenía un trabajo estable y que me encantaba, disfrutaba con mis amigos y familia), supuso un telón que se cierra, la sensación de “hasta aquí hemos llegado”, miedo y el amargo pensamiento: “por qué a mí, no se puede tener tan mala suerte”.

Tras varias horas, seguro las peores que he pasado, comprendí, y no creo que sea por ser alguien especial ni mucho menos, que ahora empezaba algo, no sabía por cuanto tiempo, pero empezaba algo, y siempre que algo empieza es mejor hacerlo de cero, conmigo no vino la tristeza, fueron la esperanza y la certeza de que lo que dependiera de mí, no podía entender cuanto sería, era lo único que podía hacer. Desde el minuto uno, tuve la gran suerte de tener la mejor gente que se pueda desear a mi lado, ¿Cómo fallar?. Nunca me había sentido tan querido, por aquella habitación pasó tanta gente, algunas visitas tan inesperadas como embriagadoras. Mis recuerdos de aquellos días probablemente sean los mejores de mi vida.

Aprovecho estas líneas para agradecérselo a todos y cada uno de los que estuvieron, y a aquellos que sin estar me mandaron su cariño y afecto, y también a los que no lo mandaron. Y por supuesto a todo el personal sanitario que me trató, me trata y me tratará, de verdad, mil gracias a todos. Bueno, perdonadme por ponerme estupendo, creo que se lo merecen. Retomando, tras completar estrictamente las diferentes etapas que me iban marcando, comprendí que la mejor manera para hacerlo era cumplir exclusivamente con lo que dicen las personas que saben de esto, así te olvidas de pensar y te centras en estar. Empezando por un par de convulsas operaciones, gracias al saber hacer de médicos y resto de profesionales, se me pautaron una serie de tratamientos, que unos días mal y otros también, no me dejaron el cuerpo para muchos trajines, pero que acertaron con su cometido.

En estos momentos en los que no se pasa especialmente bien, mi motivación era que iba a recuperarme, para disfrutar de verdad de mi familia, para volver a casa con mi chica, para salir con mis amigos a buscar setas, para ver a mi equipo campeón de Europa, en fin, cada uno se busca sus motivaciones. Lo que sí recuerdo de estos momentos es la confianza que deposité en todos aquellos que me atendieron, mi mérito fue escaso, hacer exactamente lo que me decían para el tratamiento de mi enfermedad. Sobre este periodo poco más puedo explicar. Mientras me trataban, tuve la gran suerte de ir recibiendo buenas noticias, por lo que el ánimo crecía, hasta el momento en el que decidieron que habían cumplido con los objetivos programados y que era el momento para el descanso y tiempo para la recuperación. Pronto empecé a sentirme mejor, no fue cosa de un día, pero la ilusión de acercarme a esos objetivos que me motivaban ayudó mucho a que me fuera encontrando con la persona que era antes. Lógicamente tuve, tengo y tendré ciertas limitaciones, pero aprendo que las cosas hay que ponerlas en valor con tiempo, que se aprende mucho, que no existe el blanco inmaculado o el negro más oscuro.

A día de hoy, va a hacer tres años y medio de la última sesión de quimioterapia, me siento afortunado por haber podido volver a mi trabajo, ese que tanto me gusta, aunque ahora tenga una perspectiva algo diferente sobre el mismo. Mi vida continúa, y no podría ser de mejor manera, ha hecho algo más de un año que mi chica se convirtió en mi mujer, y hace unos meses que la mejor de las noticias llegó a nuestro hogar, en breve aumentaremos nuestra familia con una niña, un regalo que nos hace la vida y que vuelve a demostrarme que nunca podemos ni debemos dar nada por seguro. Continúo con mis revisiones, comprendí que esta enfermedad tiene un inicio muy rotundo, pero que su final no lo es. Don Antonio Machado lo explicó mejor que lo pueda hacer yo aunque lo intente mil veces: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”. Probablemente el camino no termine, porque no hay camino, pero me gusta pensar en todo lo que me queda por encontrar en el paseo.

En mi opinión y es lo que mi experiencia me ha enseñado, si te sientes feliz, si estás de acuerdo contigo, si no tienes reproches con la actitud ante lo que te sucede, podrás afrontar cualquier cosa. Muchas de ellas no dependen de nosotros, pero si esta en nuestra mano el demostrar que para que puedan con uno hay que ponerlo muy difícil, y que la capacidad de resistencia reside en nosotros y tenemos la obligación de usarla. Muchos ánimos a todos aquellos que os encontráis al borde de vuestra resistencia, no se puede prometer nada, el que lo haga sería un charlatán, pero si buscáis dentro de vosotros mismos probablemente encontréis la fuerza que ahora os falta, ojalá.

Comentarios

Imagen de ESTHER HESS

ME ALEGRO MUCHO Q ESTES BIEN NECESITO FUERZAS SOY LA MADRE

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