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Mi lucha

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Enviado por Pamela Martínez
Hace : 5 meses 3 semanas
Cáncer de :
Cáncer de útero o endometrio

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Nadie espera que su vida cambie de la noche a la mañana pero cuando las cosas pasan, solo queda aceptarlas.

Todo iba como de costumbre, durante todo el año no había tenido ni un solo resfriado luego, un buen día me dijeron que tenía cáncer y como en las películas cuando comienzan a avanzar en versión rápida… todo cambió.

No lo puedo negar al principio fue impactante, cuando luego de mi operación escuché a mi hermano que me dijo que el doctor había sacado todo lo que podía pero que el cáncer estaba muy avanzado y tal vez no tendría más de dos años de vida. A pesar de todo, en ese momento sentí un gran alivio y agradecí a Dios. Creo firmemente que Dios no nos da pruebas más fuertes de las que podemos soportar; agradecí a Dios inmensamente por ser yo la que estuviera enferma y no mi hija.

Fue ahí mismo cuando escogí creer, creer que lo que me estaba pasando era la voluntad de Dios y que Él lo tenía todo en control. No sentí miedo a morir (no sé si las personas que les dicen eso tienen miedo), creo que las personas muertas ya no sienten ni miedo, ni angustia, ni soledad, ni nada; pero sí sentí pena al pensar el sufrimiento que causaría mi muerte sobre todo a mi hija y a mi mamá.

Recuerdo que desde ese momento le dije a mi mamá que no se preocupara, que la última palabra la tenía Dios y pasara lo que pasara, el Señor nos iba a dar las fuerzas para seguir adelante. He escuchado a muchas personas decirme que soy muy fuerte, yo no me considero tan fuerte, creo que ante una noticia como esa, sólo existe una opción: LUCHAR.

Estoy convencida que no han sido mis fuerzas, sino las fuerzas del Señor que en su infinita misericordia me ha permitido soportar en un primero momento dos operaciones (una histerectomía total y una extracción de ganglios en el retroperitoneo) y seis quimioterapias y una recuperación milagrosa.

Luego vienen los controles mensuales y solo te puedes aferrar a tu fe para esperar lo mejor cada mes. Luego de tres meses de estar con pastillas me dijeron que el cáncer se encontraba ahora en el hígado y en el vaso. Gracias a Dios en muy pequeña cantidad pero debía regresar a quimioterapia.

Fue una noticia dura, ya había regresado al trabajo y estaba haciendo una vida prácticamente normal y regresar a quimio no era lo que yo quería. El doctor muy amablemente me contó que esas quimioterapias serían más suaves que las de la vez anterior y que podía seguir trabajando. Así que comencé mi tratamiento.

Las dos últimas quimioterapias me cayeron muy mal y tuve que quedarme en casa, casi por un mes y medio, pero por fin llegó el dá en que terminé mi sexta quimio y comencé mis evaluaciones. Gracias al inmenso amor de Dios y el de mi familia, las quimio habían dado resultados y otra vez estaba libre de cáncer. Ya llevo 4 meses con tratamiento oral hormonal y me siento muy bien, mis chequeos son cada 3 meses lo cual me parece estupendo.

Estoy segura que solo ha sido la gran misericordia de Dios la que me ha regalado una recuperación tan milagrosa, pues hasta los doctores se sorprenden de mis avances. Solo el amor de Dios hace posible que cada mes los resultados sigan bien. Espero confiada en la voluntad del Señor, espero que esa voluntad me permita ver a mi hija graduarse del colegio, de la universidad, casarse y conocer a mi nietos, pero todos esos deseos de mi corazón solo los dejo en SUS manos.

Hoy estoy inmensamente agradecida a Dios porque me encuentro física y emocionalmente muy restablecida. Es irónico que un anuncio de muerte signifique a su vez un Curso Intensivo de Vida. Hoy para mi despertarme cada mañana tiene completamente un nuevo significado.

Estoy sumamente segura que ha sido la gran bondad de Dios que durante esta prueba ha puesto a personas tan maravillosas en mi camino. Agradezco inmensamente al Doctor José Sullón quien me operó la primera vez, a Anita y David y el Dr. Amado que han sido unos ángeles para mi, a todos y cada una de las personas que trabajan en Alida que son siempre tan atentos, amorosos y me llenan de tanto ánimo, al Dr. Carracedo por aceptarme como su paciente y siempre estar tan preocupado de mi caso, al Dr. Aliaga que contesta cada uno de mis whatsapp y atiende mis urgencias, a los doctores de la sala de Quimioterapia, a cada una de las licenciadas y técnicas que siempre me atendieron tan bien cuando llegaba malita y tenían tanta paciencia conmigo, a todos los Aliados que siempre responde cualquier duda que tengo.

Mis gracias infinitas a mi familia que nunca se separa de mi lado y cada día estuvieron y siguen estando tan cerca de mi. A mi tía Eva que apenas se enteró viajo para verme, a mi tía Tere que además de cuidarme durante mi quimio siempre está pendiente de todo lo que necesito, a mi hermano Osgui, mi cuñix hermosa Dianita, a Luz y Walter que me adoptaron como su hija durante unas semanas y me cuidaron como mi propia mamá. A mi papi que vino a verme y siempre me llamó y me ayudo. A mi tío Freddy y mi tia Joy por todo su apoyo. A mi mamita Dora por sus ayunos, a todas mis tías y primos porque sé que estoy presente cada día en sus oraciones.  Como olvidarme de mi Rodrigo bello que siempre me levantó el ánimo con su hermosa sonrisa, gracias también a Boris por asumir el reto, muchas veces, de ser padre a tiempo completo y hacer todo lo necesario para que Isabella estuviera bien, a toda su familia por sus oraciones, (Señor Alfonso, “Sí se puede”, confíe en Dios). A mi hermana del alma, a mi Lili querida, porque aunque le malogré su cumple, siempre se las ingenio para estar conmigo en cada una de mis operaciones y ser mi gran apoyo, a su mami mi querida Camuchita. A mi hermosa comunidad, mi grupo de Oración y a Gastón por cada petición y cada misa que siempre alimentan mi fuerza espiritual. A todos aquellos amigos que me llevaron o me recogieron de algún tratamiento, análisis, quimio, etc. A todos y cada uno de mis amigos y familiares que oran por mi, que me han llamado, me han escrito y están pendientes de salud. Si me olvido de alguien espero que me perdonen pero todos absolutamente todos están en mi corazón y les agradezco eternamente.

Sobre todo quiero dar las gracias a una mujer de hierro a prueba de todo, a mi madre hermosa Cristina Ruiz de Castilla, es cierto no hay como el amor de una madre para curarlo todo, gracias mamita por todos tus cuidados, sacrificios y sobre todo por tu inmenso amor.

Y por último y lo más importante a mi hija Isabella, mi Bella Bella, por ser mi gran motivo para seguir luchando cada día, por cada pastilla que me alcanza, cada manta que me lleva y por siempre hacerme reír cuando me dice “mi peladita”.

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