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La salvación es una actitud

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16 Apoyos

Enviado por Archemisa LH
Hace : 2 años 10 meses
Cáncer de :
Cáncer de mama

LA  SALVACIÓN  ES  UNA  ACTITUD que se inicia en un pensamiento y continúa con una acción.

Me detectaron un cáncer justo unos meses después de que mi madre hubiera terminado con su tratamiento de quimioterapia y después de sobrevivir ambas a la reciente muerte de mi padre y de mi única hermána (tambien por cancer), tan sólo habían pasado tres años de esas desgracias. 

Entre tantas batallas jamás me imagine que era yo la siguiente en el turno. Cuando me lo detectaron, un sentimiento de rabia, impotencia y desesperación me envolvió la mente. Pasé varias semanas de incertidumbre, en las que recuerdo que todos los resultados que iban saliendo despuntaban hacia algo peor de lo que en un momento me habían detectado. Entré en una vorágine de pensamientos que me iban succionando hacia el pesimismo más absoluto hasta llegar a pensar que mi final sería tan trágico como el de mi hermana. A veces incluso aceptaba que eso fuera lo mejor que podía pasarme, pues no había superado esa traumática muerte de mi única hermana (con quien siempre había estado tan únida) y me recreaba en ese final, viendo en él la posibilidad de reencontrarme con ella. Hubo un acopio de buenas intenciones a mi alrededor por parte de todos que me envolvían a cada llamada de teléfono con historias ajenas de superación ante dramas iguales o peores a los míos, pero lejos de consolarme se me antojaban tan ajenas a mi causa como incomprensibles. Buscaba desesperadamente una puerta abierta a la esperanza, a esa dicha de estar sano y salvo que no sabía cómo había perdido así, tan de repente, como si de una pesadilla se tratara, y precisamente en ese momento de mi vida en el que me hallaba  luchando en otros frentes. El tiempo pasaba muy lentamente y con una carga de incertidumbre que desesperaba, mientras las noticias se iban haciendo más difíciles de digerir, yo seguía buscando desesperadamente algo, sin saber el qué... pero algo que me dijera "estas salvada, todo ha sido un mal sueño". Emprendí una nueva lucha, concatenada a las que ya tenía, para encontrar ese algo que me salvara; lo buscaba en mi oncólogo, en mi familia, en mis amigos, en mi religión y en todo tipo de libros sobre cáncer, terapias oncológicas y psicológicas que caían en mis manos; escudriñando casos parecidos al mío para obtener respuestas inmediatas, lo buscaba en todo tipo de propuestas de todos los sitios posibles que me salieran al paso y me sonaran a salvación. Hasta que poco a poco, sin casi darme cuenta, tras cada batalla en el quirófano, tras cada sesión de quimioterapia, tras esos pequeños momentos en que uno percibe un último pulso con la vida, mis ojos fueron perdiendo la venda que los tapaba hasta desvelar dónde estaba ese algo que me empujaba a salvarme.

Con cada operación, con cada momento de dolor, con cada recuperación, con cada sesión de quimioterapia, con cada avance, con cada retroceso,  notaba dentro de mí esos pequeños triunfos que me obligaban a seguir adelante.  Ya casi al final (porque aunque no lo parezca, todo tiene un final) recordaba a mi oncólogo en su primera consulta informándome sobre los efectos secundarios que tendría mi tratamiento y las estadísticas de vída, recuerdo a mis allegados contándome los casos conocidos de salvación y superación en personas luchadoras, recuerdo (con algo más de dolor) a todos aquellos que intentando darme ánimos, sin casi saber muy bien lo que decían, terminaban con mi escasa paciencia al contarme los detalles más crueles de esta enfermedad que nunca hubiera querido sentir como mía. A todos ellos se lo agradezco en el alma, pero conmigo sus estadísticas, sus predicciones, sus buenas intenciones no fueron todo lo ciertas que debieran pues rompí moldes, para sorpresa de todos, hasta de mí misma. Pasé la quimioterapia sin bajar apenas el ritmo de mi vida, seguí estudiando, seguí nadando, seguí corriendo, seguí viviendo e implicándome con la vida con el mismo empeño que yo había tenido siempre pero con un poco más de conciencia de lo que se disfrutaba haciéndolo y algo más de esfuerzo para conseguirlo. Pero al fin logre saber dónde estaba la salvación. La salvación no era un lugar o una persona a donde ir para evadirte o apoyarte. La salvación esta tan dentro de tí como tu propia actitud, única e irrepetible, pero común a todos los valientes que han tenído que vencer batallas en la vida y han aprendido que el hombre que se rinde sólo conoce su miseria. Aprovecho mi testimonio para dar las gracias a todos esos valientes (oncólogos, psicólogos, familia y amigos) que me ayudaron a ver dónde realmente estaba la salvación.  

Comentarios

Imagen de Maribé Rielo

 Maravilloso tu escrito !! Cuántas verdades has expresado con claridad y sentimiento!!  Tu testimonio cala profundo, nutre y ayuda... GRACIAS!!

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Me llamo Pilar , tengo 45 años y os contaré un poco como ha sido mi experiencia desde que en mayo del año pasado me detectaron un cáncer de mama .

09-10-2017
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Desde que conocí el diagnostico mi vida cambio.

23-03-2017
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Fue un antes y un después. No soy inmortal. Y me enteré. Ya no me llevo el mundo por delante, el mundo me llevó a mí.

Sé que vengo bien, sé que estoy encaminada.

04-12-2016
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