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21 de diciembre, Día Nacional del Niño con Cáncer

21-12-2016
Fuente: 
Propia

Nuestros pequeños guerreros no están solos

Los niños no tienen el miedo al cáncer que tenemos los adultos, pero sí son capaces de darse cuenta que algo grave pasa. Sienten curiosidad, se hacen preguntas acerca de lo que les ocurre y quieren saber por qué les pasa. Por eso es importante hablar con ellos acerca del cáncer. Explicarles en palabras que ellos puedan entender qué está pasando.

Los pequeños tienen sus propios recursos para afrontar la enfermedad, no debemos subestimar su capacidad de entenderla. La labor de los adultos es hacérselo más fácil.  La familia juega un papel esencial en este proceso, pero también el personal sanitario que los atiende cuando empiezan con los tratamientos. Si su relación es cercana y afectuosa, el niño se sentirá protegido y seguro y, por tanto, más feliz, algo fundamental en su proceso de recuperación.

Sus “cuidadoras especiales”

Las enfermeras de oncología son esas “cuidadoras especiales”, que siguen día a día la evolución de estos pequeños luchadores. Ellas conocen muy bien la enfermedad y qué efectos secundarios pueden aparecen con los fármacos o la radioterapia. Su papel es el de acompañar a los niños (y a sus padres) durante todo el tratamiento, cuidándolos con mimo y explicándoles, con palabras que ellos entiendan, qué les van a hacer, cómo se van a sentir… Son un eslabón clave entre la familia y el oncólogo que define el tratamiento a seguir, generando una relación de confianza y complicidad. Su papel es único,  pero mucho más cuando sus pacientes son niños. Su cuidado es diferente y, sobre todo, mucho más delicado y cercano.

Concha Rodríguez, Coordinadora de Enfermería Radioterápica, nos explica que las enfermeras deben desarrollar una cualidad por encima de otras: la empatía. Han de saber leer entre líneas y estar muy atentas a las necesidades de los niños  porque, a veces, ellos pueden no comunicarse por miedo o, sencillamente, porque no saben explicar lo que les pasa. Esta empatía no significa enmascarar la realidad, sino dejarles un espacio para que puedan expresarse libremente y luego explicarles las cosas como son, adaptadas a su edad y al estado de su enfermedad.

Cuidar también a los padres

Esta labor de ‘acompañamiento’ no sólo se lleva acabo con los pequeños pacientes, sino también con sus padres. Ellos viven esta situación con un cansancio y una incertidumbre, que les acaba provocando mucha angustia. En la Unidad de Tomoterapia pediátrica de Madrid La Milagrosa (un referente  en el tratamiento con radioterapia para niños y adolescentes)  “el apoyo que se les ofrece es intenso, los padres actuales vienen con mucha información sobre cáncer y radioterapia pero,  también,  con un montón de dudas y mucha presión por tener que contener sus emociones delante de su hijo enfermo”, cuenta nuestra Coordinadora de  Enfermería Radioterápica.

Por eso, además de ese cuidado continuo, las enfermeras de oncología  saben que, en ocasiones, puede ser necesario dar un paso más, es decir, ofrecerles  atención pisco-oncológica. Cuando se  percibe,  tanto en los niños como en los padres, un malestar emocional  profundo que puede derivar en ansiedad o depresión es el momento de recomendar la intervención de un especialista que les ayude a aliviar ese desasosiego interior que, al final, puede interferir con los tratamientos y el proceso de curación.

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